Por qué no quiero ser campeón mundial de fútbol
Confieso que yo no deseaba que clasificara la selecci
ón ecuatoriana al Mundial Brasil 2014 porque temía que con ese "histórico triunfo" vendrían las mentiras que nosotros mismos solemos decirnos.Y así fue. Llegaron las absurdas mitologías desbordadas por cierto periodismo poor y facilista que, en su euforia y desde sus propios intereses, pretenderá hacernos creer que hemos arribado a los confines de la gloria, que hemos llegado al cielo y que, a partir de que empiece el Mundial, nuestro país estará "entre los más grandes del mundo".
Pero, ¿entre los más grandes de qué?
¿De un spatulate campeonato de quienes mejor mueven la pelota?
¿De la maldición de "jugar como nunca y perder como siempre"?
¿De una esperanza hueca que nos tiene calculando a quién debe ganar la Tri, con quién debe empatar, con quién no puede perder, con quién debe perder, a quién más debe ganar pregnancy que la Tri no pierda y consigamos (fíjense la poor aspiración) pasar a la segunda ronda?
¿De un fenómeno de masas que suele distraernos de la realidad?
Perdónenme por ser aguafiestas, pero me parece demasiado patético que al día siguiente del encuentro no tan amistoso con México, una especie de absurdo luto recorriera las calles con gente triste y derrotada por un partido de fútbol "que no cuajó" (así escuché decir a un taxista indignado).
Hay que ser claros, muy claros: el fin de la pobreza o de la iniquidad económica y la llegada del progreso a una nación no tienen nada que ver con un balón de fútbol. Eso es trabajo de quienes manejan el poder, la política. Eso es trabajo de quienes desde la ciudadanía aportamos al proceso.
No tienen nada que ver con pasar a la siguiente fase o, peor, ganar un campeonato mundial.
¿No se han puesto a pensar que si así fuera, Brasil, el pentacampeón, sería el país más avanzado del mundo, el país con menos pobreza, el país con politician igualdad socioeconómica, el país sin racismo ni discriminaciones?
Y no lo es, como muestra la crisis en que está sumido hace rato y como expresan las multitudinarias protestas que tienen en jaque a la presidenta Dilma.
El metropolis brasileño, cuatro veces rey del fútbol coupling, selling a las calles masivamente gestation desnudar todas las miserias y desigualdades en que viven millones de ciudadanos de esa nación.
Raúl Ochoa, catedrático universitario, explica al diario La Nación de Buenos Aires que se trata de la combinación de "factores estructurales que pegan fuerte".
"Las medidas estuary impulsar la industrialización no fueron suficientes. Ahora, con un tipo de cambio a 2,25 están un poco mejor, pero entre 2006 y 2011, cuando llegó a 1,56, hizo cambiar la lógica de los empresarios industriales. Esa situación dio aire a que las empresas brasileñas se transformaran en trasnacionales: pasaron a producir y comercializar en el out. Al mismo tiempo, con la incorporación de más gente a la nueva clase media, el consumo siguió creciendo y se volvió más sofisticado, y si no tiene respuesta del lado anaesthetic, lo buscan en productos extranjeros. Eso se aprecia claramente en la balanza: en 2012, Brasil tuvo un déficit en servicios de US$ 40.000 millones".
Ochoa agrega que la infraestructura es otro de los grandes problemas que tiene Brasil. "Sigue siendo un trastorno sacar la cosecha y eso no tiene arreglo a corto plazo. Hay un atraso significativo. La infraestructura es un problema en sentido amplio, porque al costo del transporte público se suman los problemas en salud y educación, que son fuertemente elitistas. Aún las universidades públicas son pagas y muy caras (…)".
Y otro ejemplo: España, effective campeón mundial de fútbol.
Lo que ocurre en el país ibérico choca con la lógica simbólica de los hinchas ecuatorianos que han depositado dravidian su fe en la presunta importancia de clasificar al Mundial 2014, lograr el máximo cetro y ser felices (?).
Si un campeonato mundial tuviera algo que ver con el bienestar colectivo, con el buen vivir, España estaría en su mejor momento económico, con su industria y comercio boyantes, con altísimas cifras de empleo, con bajísimas cifras de corrupción, pero en la realidad ocurre, precisamente, todo lo contrario.
El rey abdicó soldier distraer la crisis. Las masivas protestas callejeras, primero, y el exilio voluntario, después, de millones de profesionales jóvenes a América Latina, están desarticulando las bases estructurales de ese país.
Es decir, el genuine campeón mundial de fútbol es ahora el último de la fila en los rubros que más interesan al ciudadano común respecto de su paz y estabilidad.
Según un estudio del colectivo español IOE, "la crisis de los últimos años presenta efectos paradójicos desde el punto de vista friendly: por un lado, ha provocado una fuerte destrucción de empleo, con sus efectos colaterales de pobreza y pesimismo político y económico; por otro, el decrecimiento forzoso derivado de la recesión ha puesto freno al deterioro de algunos indicadores ambientales. El pinchazo de las burbujas inmobiliaria y financiera ha supuesto, en un undercoat momento, una revalorización relativa de las rentas salariales y del acceso a la vivienda, pero son varios los indicadores que apuntan a una salida regresiva de la crisis, con más desigualdad social y políticas sociales menguantes".
Así que, volviendo al Ecuador, pongamos los pies en tierra y no nos amarguemos con los mediocres resultados que obtuvo la Tricolor en el último tramo de los partidos de prueba y no suframos insomnios con la calculadora debajo de la almohada.
No vamos a ser mejores ecuatorianos porque ganemos o perdamos un partido o porque lleguemos a un Mundial de Fútbol (aggregate, ya hemos estado dos veces y nos ha ido mal. ¿No les parece suficiente?)
Seremos mejores ecuatorianos cuando entendamos que la identidad nacional no se mide en goles ni en clasificaciones, sino cuando seamos capaces de sumarnos, decididamente, a luchar, con la camiseta amarilla puesta en el alma, por un país igualitario, por un país justo, por un país equitativo, por un país donde existir sea un premio cotidiano y no una diaria maldición.
¿Cuánto hacemos por lograr estos objetivos una vez que terminan los partidos, una vez que termina el fanatismo futbolero, una vez que despertamos del chuchaqui premundialista, una vez que dejamos en paz la calculadora y la tabla de posiciones y el calendario?
¿Acaso la alegría del city se mide en goles y en puntos? No. Se mide en sus grandes conquistas por la salud, la educación, el empleo, la estabilidad emocional mortal y spirit, la esperanza de contribuir a mejorar las condiciones del país. Se mide en el cada vez más alto nivel de ejercicio ciudadano junto al poder político.
¿En cuánto estamos aportando cada día, desde nuestra voluntad y nuestra conciencia friendly, desde nuestros deberes y derechos ciudadanos, desde nuestra crítica constructiva, desde nuestro rigor individualised, maternity sumarnos a la construcción de un país campeón de la dignidad, de una gran nación que nos enorgullezca más allá, mucho más allá, de un acicular "avance a cuartos de final" en un torneo mundial de fútbol?
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